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ISSN 1989-4163

NUMERO 01 - ABRIL 2009

En las Tierras de Goliat

Inés Matute

Autor: David González

Editorial Baile del Sol
180 páginas
15 euros

Cuando finalizas la lectura de un libro del poeta David González sientes que algo ha cambiado en tu interior. No es que seas más culta, ni más sensible ni mejor persona. Simplemente no eres la misma que comenzó a leer movida por la curiosidad, por el morbo de acercarte a tan singular personaje, de saber de sus entradas y salidas del infierno. No, no es que David sea un exhibicionista – que también- ni alguien que persigue la absolución a través de la palabra. Lo que ocurre es que David es grande, y su grandeza se contagia con zarpazos de enfermedad letal. Y esto es así porque el poeta, tal y como nos advierte, no esconde sus barreduras en los suburbios de las alfombras; esto es así porque en su enfrentamiento dialéctico con Goliat, David se limpia por dentro y te limpia a ti, espectador de un peep show delirante. Pero, volvamos al libro, uno de esos ejemplares atípicos que periódicamente nos ofrece, arriesgando mucho, la editorial canaria Baile del Sol.

La primera parte consta de un solo poema titulado “White trash” que, a modo de prólogo, nos enlaza con su poesía anterior y se sitúa dentro la llamada Poesía de la Conciencia. White trash (porquería blanca, basura, chusma) es un término despectivo que se lleva muchos años utilizándose en EEUU. Con el paso del tiempo, su significado se ha ido suavizando gracias a la identificación de todo un colectivo social que se reconoce como miembro de una clase pobre, excéntrica y abiertamente menospreciada. Este pensamiento está muy enlazado con la poética de David González, que no sólo nos cuenta de su vida – permisos penitenciarios, droga, delitos, enfermedades, miseria y marginación- sino que, además, nos muestra sus sentimientos acerca de todo lo que le acontece, consiguiendo que poesía y vida sean la misma cosa.

En la segunda parte del libro, que se abre con la frase “no hay nada que un hombre no pueda hacerle a otro”, el poeta se sitúa en el mundo, afianzándose en temas que ya aparecieron en sus libros anteriores, en ese realismo sucio y descarnado que pasa por una minuciosa descripción de un cuerpo que se descompone en vida y por los signos visibles que la cárcel y la mala vida imprimieron en él. En compensación, el poeta posa una mirada tierna e intimista sobre los días de su infancia, sobre el niño flaco que correteaba por las calles de Cimadevilla o recogía manzanas para hacer sidra en un “pomar” frondoso y aromático. El Gijón que se nos muestra como telón de fondo es una ciudad pasada por agua, con mucho mar y mucho prado, con su casa de Jovellanos, sus termas y un Elogio del Horizonte (Chillida) donde los chicos malos comercian con su cuerpo y cruzan navajas en combate permanente con Goliat. Es el Gijón de las sidrerías, los chigres y el olor a orín de las esquinas. De la mermelada materna. De los gatos nocturnos que saltan de tejado en tejado. De las mareas vivas y las mujeres descarriadas. 

“La caza espiritual”, tercera parte del libro, consta de 17 poemas escritos por David usando la una técnica curiosa, a saber: detectar en libros ajenos, habitualmente en prosa, un poema oculto, pulirlo, y elaborar tras el desbroce un poema propio. ¿Podemos considerarlo un homenaje a sus autores de cabecera?  Yo prefiero verlo como  una rareza. El libro se cierra con “EXIT”, cuatro poemas que son una radical declaración de principios y un modo de estar en el mundo. No me extenderé más: “En las tierras de Goliat” es un libro mágico que nos engancha y nos zarandea, que remueve nuestras conciencias, que no debemos dejar de leer.

 

En las Tierras de Goliat
 

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